Yace sonriente en la cama, saboreando el polvo de anoche. Sólo tengo cuarenta seis euros en la puta cartera. Sé que está por amor, bellas piernas, un lindo trasero joven, paciente, sobre todo paciente con un viejo imbécil, enfermo, desgraciado, con verrugas en la cara.
¡Lástima! Buscaré suerte en otro lado, pero así la recordaré…. Desnuda, feliz. Me iré despacio, se las arreglará sola, lo sé. Por último haré un “asalto” a su bolso para un periódico y el menú “ejecutivo plus”.
Me sentaré junto a la ventana, para envidiar a la gente con prisa y con la cartera llena. Esperaré el café, mientras leo mi antigua sección.
¡Ese hijoputa! Ha publicado en mi columna, si que supo como lamer los cojones a mi jefe. Terminará de revolverse mi estómago en la sección de empleos. Espero no vomitar bilis.
-Buenos días señor, en un momento le traeré pan.
Traté de no mirarle los senos, su voz era dulce ¡Carajo, nunca dejaré de ser imbécil! Que lindos ojos tiene, no sé que me pasa.
- ¿Se siente bien?
- Claro, disculpa…. Tu rostro es familiar.
Sonriente se retiró, sorbí hasta el fondo de la taza recordando esos ojos. De pronto, la imagen del columpio, la escuela. Pequeña, dos trencitas, pecas. ¡Claro! Su último euro lo usó para comprarme una dona para el desayuno. Siempre he sido un jodido y jodido me moriré.
Un desgraciado recuerdo pero feliz. Me sentí con ganas de hablarle, salté del asiento, fui a la cocina.
- ¡Todo lo haces mal! ¡Estúpida!
Se desabrochó el delantal y salió corriendo. No sabía si golpear al tipo o ir detrás de ella. Corrí. Olvidé la cuenta. Ella lloraba en el teléfono público. Mis puños se serraron, deseaba abrazarla. Apenado, mis manos se escondieron en la chamarra.
- No te preocupes, todo saldrá bien. Esas pobres palabras, sé que no limpiarán sus lágrimas. Tomé mis cuarenta seis euros, los puse en su mano. Me alejé rápido antes que regresara el dinero.
Caminé pensando, como le haré para comprar cigarrillos, alcohol, y comida. Escupiendo cuarenta seis euros…. ¡Que jodido soy!
¡Lástima! Buscaré suerte en otro lado, pero así la recordaré…. Desnuda, feliz. Me iré despacio, se las arreglará sola, lo sé. Por último haré un “asalto” a su bolso para un periódico y el menú “ejecutivo plus”.
Me sentaré junto a la ventana, para envidiar a la gente con prisa y con la cartera llena. Esperaré el café, mientras leo mi antigua sección.
¡Ese hijoputa! Ha publicado en mi columna, si que supo como lamer los cojones a mi jefe. Terminará de revolverse mi estómago en la sección de empleos. Espero no vomitar bilis.
-Buenos días señor, en un momento le traeré pan.
Traté de no mirarle los senos, su voz era dulce ¡Carajo, nunca dejaré de ser imbécil! Que lindos ojos tiene, no sé que me pasa.
- ¿Se siente bien?
- Claro, disculpa…. Tu rostro es familiar.
Sonriente se retiró, sorbí hasta el fondo de la taza recordando esos ojos. De pronto, la imagen del columpio, la escuela. Pequeña, dos trencitas, pecas. ¡Claro! Su último euro lo usó para comprarme una dona para el desayuno. Siempre he sido un jodido y jodido me moriré.
Un desgraciado recuerdo pero feliz. Me sentí con ganas de hablarle, salté del asiento, fui a la cocina.
- ¡Todo lo haces mal! ¡Estúpida!
Se desabrochó el delantal y salió corriendo. No sabía si golpear al tipo o ir detrás de ella. Corrí. Olvidé la cuenta. Ella lloraba en el teléfono público. Mis puños se serraron, deseaba abrazarla. Apenado, mis manos se escondieron en la chamarra.
- No te preocupes, todo saldrá bien. Esas pobres palabras, sé que no limpiarán sus lágrimas. Tomé mis cuarenta seis euros, los puse en su mano. Me alejé rápido antes que regresara el dinero.
Caminé pensando, como le haré para comprar cigarrillos, alcohol, y comida. Escupiendo cuarenta seis euros…. ¡Que jodido soy!
jESSICA. s. ARREOLA.


