viernes 7 de noviembre de 2008

JOHN


Yace sonriente en la cama, saboreando el polvo de anoche. Sólo tengo cuarenta seis euros en la puta cartera. Sé que está por amor, bellas piernas, un lindo trasero joven, paciente, sobre todo paciente con un viejo imbécil, enfermo, desgraciado, con verrugas en la cara.

¡Lástima! Buscaré suerte en otro lado, pero así la recordaré…. Desnuda, feliz. Me iré despacio, se las arreglará sola, lo sé. Por último haré un “asalto” a su bolso para un periódico y el menú “ejecutivo plus”.

Me sentaré junto a la ventana, para envidiar a la gente con prisa y con la cartera llena. Esperaré el café, mientras leo mi antigua sección.
¡Ese hijoputa! Ha publicado en mi columna, si que supo como lamer los cojones a mi jefe. Terminará de revolverse mi estómago en la sección de empleos. Espero no vomitar bilis.

-Buenos días señor, en un momento le traeré pan.

Traté de no mirarle los senos, su voz era dulce ¡Carajo, nunca dejaré de ser imbécil! Que lindos ojos tiene, no sé que me pasa.

- ¿Se siente bien?
- Claro, disculpa…. Tu rostro es familiar.

Sonriente se retiró, sorbí hasta el fondo de la taza recordando esos ojos. De pronto, la imagen del columpio, la escuela. Pequeña, dos trencitas, pecas. ¡Claro! Su último euro lo usó para comprarme una dona para el desayuno. Siempre he sido un jodido y jodido me moriré.
Un desgraciado recuerdo pero feliz. Me sentí con ganas de hablarle, salté del asiento, fui a la cocina.
- ¡Todo lo haces mal! ¡Estúpida!
Se desabrochó el delantal y salió corriendo. No sabía si golpear al tipo o ir detrás de ella. Corrí. Olvidé la cuenta. Ella lloraba en el teléfono público. Mis puños se serraron, deseaba abrazarla. Apenado, mis manos se escondieron en la chamarra.

- No te preocupes, todo saldrá bien. Esas pobres palabras, sé que no limpiarán sus lágrimas. Tomé mis cuarenta seis euros, los puse en su mano. Me alejé rápido antes que regresara el dinero.

Caminé pensando, como le haré para comprar cigarrillos, alcohol, y comida. Escupiendo cuarenta seis euros…. ¡Que jodido soy!


jESSICA. s. ARREOLA.

domingo 5 de octubre de 2008

Debilidad


No recuerdo la última vez que vi algo semejante. Te mentiría si te digiera que ha sido lo más maravilloso del mundo. Deseaba tenerlo en mi boca y disfrutar su sabor, jugar con él. ¡Pero cielos! Me detienen las palabras sabias de mi abuela ¡No abuses de él…. Puedes llegar a la vejez sin dentandura, mírame a mi!


Mordía mis labios, resistía a ese gran ser… que pareciera que Dios lo había perfeccionado para mí. ¡Maldición! ¡Maldición! No deja de mirarme, su campanilla suena…. Cada vez que lo miro discretamente. Creo que ya lo sabe, estamos atrapados en un gran conflicto con una sola solución.


Cuando mi pie está a punto de complacer mi bajo instinto, me detiene la estúpida promesa que hice, en vísperas de navidad… todos reunidos con bolígrafo y libreta en mano a notando los propósito de año nuevo. Sé que tenía unas copas encima de vino tinto, pero lo grité tan fuerte y segura de mi …. ¡Esa maldita cosa, me ha traído muchos problemas! ¡Ya no volverá hacer mi debilidad! Todos aplaudieron y dijeron “Bien hecho hija” ¡Lo lograrás!


Tengo rabia, me siento atrapada con una adicción que me hace feliz, y sé que a él también. Sólo sonríe. Sabe que pronto caeré en sus rodillas y empezaré a comerlo como si nunca en mi vida lo hubiese visto o probado. Me gusta, no sé vivir sin él.

De nuevo la infeliz campanilla… la campanilla que me habré el cielo en segundos, que me hace gritar y suspirar. El sudor frío corre en mi cuerpo, es hora que corra hacia él…. Está a punto de marcharse y no lo puedo dejarlo ir así como así.


Fui corriendo, las zapatillas me estorbaban a mi paso…. Las aventé tan rápido como pude. Lo jalé del brazo y le dije “No vuelvas a marcharte así” …. Abrió su gran puerta al cielo, y sin pena y presumiendo al mundo, enseñó su gran tesoro… le dije: Te puedes apresurar hace mucho calor aquí, se puede hacer flácido. Rápido lo puso en mi boca, y disfruté su gran sabor…. Que deseaba en mucho tiempo. Mango, cereza, frambuesa, sabores cremosos y fríos.…. Chocolate derretido. Haciendo que pierda la cordura en un santiamén.


Jessica S. Arreola C.

viernes 15 de agosto de 2008

El dulce atrapado I


El dulce atrapado.

Desperté con un dolor terrible de cabeza. Si no hubiera tomado el último caballito estaría entero para ir a trabajar.
Una torre de cajas… esperan ser acomodadas, con una mecánica ya memorizada…. Enfrente, y derecho, enfrente y derecho, una tras otra, una tras otra.
Los gritos del gerente se escuchan hasta el pasillo. Tendré que ir a su oficina.

- ¿Qué estás pensando estos días Roberto? ¿Quieres conservar tu empleo? ¿Quieres ser siempre el acomodador? ¡Responde! ¡No te quedes callado!
- Quiero hacer lo mejor posible.
- ¿Quieres? ¿Sólo quieres? ¡Lárgate! Y ponte a trabajar, espero que no se quede en… “Hacer lo mejor posible”.
- Si señor….

En esos momentos es cuando dices, que no hay mejor antídoto para la cruda… Que los gritos de tu jefe. Tenía ganas de vomitar, salir corriendo y fingir que tenía una cita con el rinólogo. Pero bendita realidad. El día será bastante largo.
Para colmo ahí viene mi mujer, nunca viene sonriendo… ni mucho menos me lanza una mirada, es como si no existiera en su estúpido mundo materialista y superficial. Me imagino a que viene, por dinero… a que más. Sólo jaló la billetera, ni un… “Que te vaya bien”, “Nos vemos en casa mi amor, para comer”. Jajaja… ¡Pero que mierda pienso! Mejor me pongo a trabajar, no creo que mi mujer quiera un parásito en casa, de hecho ya me considera así.

Ah.. ¡Si! ¿Cómo era? Enfrente y derecho, enfrente y dere….

- Buenas tardes señor… ¿Dónde se encuentra recursos humanos?
- Por la puerta gris de afuera, no hay pierde.
- Gracias.

Pero que… acaba de pasar por aquí. ¿Era de verdad? O ¿Mi imaginación volvió a jugar, con mi débil mente de hombre abandonado?
Será contratada, estoy seguro de ello. No podrá resistir Pablo, esa sonrisa, esas piernas…

Continuará……..



Jessica S. Arreola Cervantes



El dulce atrapado II


El dulce atrapado II

Otra mañana más… ahora si iré sobrio al trabajo. De igual forma, ir a la bodega por la mercancía para acomodarla.
Abrieron una nueva sección, cosméticos, cremas… una caja para cobro.

- Buenos días señor.. sin usted, no sé que hubiera hecho ayer.
- Me alegro ayudarla señorita. Seremos compañeros de trabajo, bienvenida.

El color negro le queda bien. Esa sonrisa, esa sonrisa… ahora vendré más que contento al trabajo, estaré dispuesto a ayudarla en lo que quiera, en lo que sugiera… Siempre sin romper, el código de oro “Cero enamorarse”.

Me empezaré a conformar, que para ella… sólo soy un hombre ya maduro y vivido. No deja de hablarme de usted. Eso está bien, así no romperemos las reglas del principio. Si mi mujer se llega a enterar de alguna relación amorosa, será capaz de lo que sea. Ni quiero imaginarme. Lo mejor sería llevármela en imagen, soñar con ella, desearla en silencio. Que bueno que pronto serán mis vacaciones, así olvidaré que puede ser mía, que deseo besarla por mucho rato…. Iré a despedirme de ella, aunque no lo sepa. La miraré y sonreiré. Eso será todo.

No esperaba que me mandara a llamar, me decía con la mano que fuera hacía ella. Me dio miedo, pero a la vez alegría… sabía que en algún hueco ella pensaba en mí. Me saludó con la mano, sentí por primera vez su piel suave, tersa… pero que ¡Diablos! Un papel en medio de los dos. Sólo me quedó decirle, “Después lo leo”….. Salí deprisa hacía el estacionamiento. Y no dejaba de leer, “Llámame cuando quieras”.
Los veinte días, viví intranquilo… no sabía si era prudente llamarla, pero deseaba escuchar su voz, la extrañaba. Pudieron más las ganas….. la cité para la tarde. Temía ser víctima de alguna burla de ella. No llegó, sólo su mensaje en el móvil… disculpa tendré que quedarme más tiempo a trabajar, faltó Elena.

Los días transcurrieron, y no podía disimular que me traía loco, que cada día que pasaba la deseaba más y más. Pensé que ya era hora de parar todo esto. Una tarde ella se acercó a decirme que si salíamos a comer. Aproveché el momento para decirle que ya no más, que ya no pensara en mi, que era un hombre casado. Ella bajó la mirada y se alejó, sabía que le había hecho daño. Pero…. para que ilusionarla de algo que jamás podré darle.

Los días se tornaban silenciosos, sin vida… sus ocurrencias eran el color de ese lugar gris. Tenía una intensión, quería que se contentara… compré un dulce de menta de los que a ella le gustaba. Lo guardé en mi pantalón, pero no me atrevía a dárselo. Tenía temor de volver a caer en su encanto. Lo acariciaba, cuando ella me saludaba. Deseaba destruirlo, pero ¡No! ¡Era ella envuelta de dulzura.!

Continuará……

El dulce atrapado III


El dulce atrapado III

El dulce se humedecía junto con los días vividos. El día de mi cumpleaños y yo… sin ella. Me mandó un recado “Feliz día, que te la pases bien… Besos” Sólo le respondí un “Gracias” seco, sin vida.
Hay veces que tenemos que dejar ir lo que queremos, si es que en verdad buscamos su felicidad. Me odiaba cada vez más y más…. Sabía que le dolía mi actitud indiferente, había veces que me aguantaba las ganas de decirle que quería tomarla en mis brazos, abrazarla fuertemente.
Tomé mi carro y fui hacia casa, pensando que llegaré y encontraré a mi mujer con sus reclamos y soportar sus múltiples deslices. Cuando volteo, mi dulcecito iba caminando sola, con los pasos contados.
Detuve el carro. Le dije ¿A dónde vas? Sube, te llevo. Al principio me miró con desconfianza, ella empezó a platicar y fue un golpe demasiado bajo, más me enamoré. Sacó de su bolsa un regalo. “Es para ti” me paralicé, quedé estúpido. Le tomé la cara y le di un beso en sus labios. Fue lo más hermoso que me había pasado en mucho tiempo. Temblaba y le decía.. “Ahora que haremos” Ella me respondió con otro beso. Salió del carro y de nuevo las cuestiones caminaban en mi cabeza.

Tengo que dejarla ir. Me estacioné en una esquina, saqué el dulce de mi pantalón y lo desenvolví. Lo metí a mi boca y mientras lo saboreaba, no paraba de llorar. ¡Lo tengo que hacer por ella! ¡Por ella! Lo más difícil es como llevaría mis semanas viéndola, sonriendo, ilusionada.

Acepté una propuesta de ir a trabajar afuera. Pero antes de marcharme le deje una nota en su caja registradora junto con un dulce de menta. “Eres mi dulcecito, que llevaré hasta donde vaya”.

FIN.

viernes 1 de agosto de 2008

El hijo Pródigo


Sábado cinco de la mañana. No he parado de conducir desde que salí del motel. El medidor de gasolina indica que necesito más, a lo lejos veo una gasolinera.
- Buenos días, a sus órdenes.
- ¿Acepta tarjeta de crédito?.
- Si.
- Perfecto, necesito la cuenta del desayuno desglosada con lo que gaste, cargando el tanque en una sola factura… ya sabe, viáticos. ¿Se puede?.
- Por supuesto
- En ese caso una hamburguesa por favor.
Después de tantas hambres, la grasosa carne sabe a gloria. Lo recuerdo todo, banquetes de rey en Marruecos, champaña repartida en todas las mesas todo a mi cuenta. Finalmente el tanque está lleno. La carretera ahora es un imán, se escuchan maldiciones, quizá un disparo.

Atardece. El camino parece familiar kilómetro a kilómetro. Reconozco a distancia los campos de manzanos donde solía robar con mi hermano. Aparco, mientras muerdo la manzana recuerdo el trabajo que me salvó de morir de hambre. ¡Quién me viera en la porqueriza!, un día cenando de lujo al otro arruinado; robando a los cerdos su comida en ese criadero. Ahora estoy en casa y me siento mejor por ello. La risa que tendría ahora mi hermano, felices enterrábamos tesoros debajo del árbol que marcó mi padre con nuestros nombres. Llevo algunos frutos a casa para no llegar con sólo el mal olor de días de viaje.

Anochece. Todo sigue igual, el buzón con el periódico, la comida para el gato, el olor de la cena de mamá. En éste momento no sé que decir. Sólo quiero abrazarlos, es lo único que deseo. Toco la puerta.
- ¡Hermanito!
- Vaya, vaya, el desaparecido.
- No me digas nada, sol…
- ¡Hijo!.
- ¡Mamá!.
- Ven, siéntate con nosotros.
Mi padre tras la mesa agita el café con la cuchara.
- Perdóname, tenías razón.
Sube su mirada y mientras sonríe dice.
- Tu lugar siempre estuvo puesto.

Jessica S. Arreola Cervantes.

Tan Amargo como el café.


T A N
A M A R G O
C O M O
E L
C A F È

Era una cafetería al aire libre, su atractivo es la montaña que da una vista espectacular. Para los empleados era un día común de trabajo, menos para uno.
Êl limpiaba su mesa con una franela, la azucarera, servilletas y el menú pasaron a la esquina de la mesita cuadrada.
Miró la hora y sabía que ella llegaría en su bicicleta color rojo, con una mochila sobre su espalda que guardaba un cuaderno de dibujo, se peinaba de coleta.
Se escuchó el freno de la bici en el corredor de la cafetería, se bajó y llevó caminando su vehiculo hasta la mesa en donde se pensaba sentar.
Sacó su cuaderno, el dibujo de hace días ya casi lo terminaba. El mesero no le quitaba la vista de encima. Sabía que era un día especial para ella, por la forma que iba vestida. Guardó la franela en su delantal y se dirigió a la mesa.

-¿Qué vas a tomar?
Ella no contestó y continuó dibujando.

Por una extraña razón él sabía que bebida le gustaba, así que fue a la cocina y pidió un café americano, mientras se lo preparaban tomó un servilleta y la empezó a doblar en forma de flor.
Estaba decidido a expresarle que los minutos que le regalaba todos los días son los minutos en él que se sentía completo, no había visto otro rostro más hermoso que el de ella.
Tomó la charola, la flor y fue hacia la mesa.

Sonó el móvil
-¡No vendrás! ¿Por qué?

Una lágrima deformò los trazos. Él lo entendió, dobló la flor, ella se paró dejando un billete sobre la mesa, tomó su bicicleta y abandono la cafeterìa, el dibujo se quedò solitario.
Él no pudo decir nada con su boca de grafito, el último latido de su corazón no tracendio del papel.

Jessica S. Arreola Cervantes.